Llegó a mi vida un 4 de Octubre, y seguramente ahora mentiría si dijese que no me enamoré en el primer segundo que le tuve en frente. ¿Sabes ese momento en las películas en que todo va a cámara muy muy lenta, y suena una música de fondo bajita y suave? Mirarle siempre es así. Como si nada existiera. Como si tuviese delante de mis narices a la mismísima razón del sentido de la vista. Y como si de ángulos se tratase vida a dado un giro que ha venido a parar en su espalda. Deberías ver su espalda. Es sin duda el mejor cuento para dormir que conozco.
Una vez me hablaron de la complejidad de los abrazos, de lo difícil que resultaba que dos personas encajasen perfectamente en uno de ellos. No se muy bien como explicar esta parte, pero los puzles nos miran desde la mesa embobados, envidiando tanta complicidad.
Tenerife superas a cada segundo, las perspectivas que tenia de ti.
La historia de echarte de menos
martes, 22 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
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No se si lo sabrás o no, si eres consciente de ello, o no. pero me has hecho cómplice. De tu vértigo al cerrar los ojos y verte solo ante el peligro y caer. Lo único que tu no sabes es que en cada caída de cada noche, estoy yo, debajo, esperando con los brazos abiertos para no dejarte tocar el suelo. Soy cómplice del sonido que produces al respirar, y del vaivén de tu cuerpo cuando algo va mal. se como eres con los ojos abiertos, cerrados y a medio cerrar. Me se de memoria todos los saltos que das cuando paseo mis dedos por tu espalda, y cuento todos los retorcimientos que tienes cuando en tus sueños, no estoy yo.
Me haces cómplice del juego que tienen tus manos a media noche para buscar mi cintura, cuando te das cuenta que no me estás abrazando. Y es que me he aprendido todas tus sonrisas, las de antes y las de después. Soy cómplice de las payasadas, y de alguna que otra cosa romántica que se te escapa muy de vez en cuando. Pero si algo tengo guardado en mi memoria, es tu voz. Tu voz en cualquier formato.
Me haces cómplice del juego que tienen tus manos a media noche para buscar mi cintura, cuando te das cuenta que no me estás abrazando. Y es que me he aprendido todas tus sonrisas, las de antes y las de después. Soy cómplice de las payasadas, y de alguna que otra cosa romántica que se te escapa muy de vez en cuando. Pero si algo tengo guardado en mi memoria, es tu voz. Tu voz en cualquier formato.
lunes, 3 de febrero de 2014
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Han pasado muchas cosas desde la última vez que estuve aquí ya sabes lo que te tengo dicho sobre el tiempo que va a pasar de unas hojas a otras.
A veces cuando te veo quedarte dormido, pienso en la paz mundial que se esconde dentro de tus ojos cuando los cierras. Y con solo una de tus muecas, o de las veces que te rascas la nariz sin darte cuenta, podrían acabar con la guerra en cualquiera de sus formas. Las tuyas, son mi punto de partida. Son la combinación con la que se abre mi caja fuerte donde tenía guardado mi corazón, hasta que llegaste tu. Tu con tus manos calientes curando cicatrices pro todo mi cuerpo, y con tu manía de negarme los besos para hacerme rabiar. Tu contigo, al fin y al cabo, desde el principio hasta el final. Porque cuando se trata de ti, todo vuelve, nada acaba.
Haré una lista con todas la veces que me callo los te quiero, para que la tengas a mano y la escuches siempre que quieras. Te quiero sin saberlo 5 de Octubre, cuando intuyo el verbo en futuro, tras una buena excusa y las caricias en tu espalda más largas de toda mi vida.Te quiero en voz alta, cualquier día loco en tu cama a las tantas de la madrugada, donde le robé el valor al mundo y me hice con tus besos aunque te quedases callado, sin decirme nada. También te quise entonces por extraño que parezca.
Te he querido sin saberlo, sabiéndolo y en todas las formas verbales que existen. De día, de noches y a deshoras. Te he querido de espaldas, de frente y debajo, te he querido encima y de lado a lado, pero he de confesarte que donde mejor me quedas...es dentro.
Pero déjame decírtelo todas la mañanas cuando te despiertas a mi lado, cuando me miras y sonríes alegrándote de ser yo quién está entre tus brazos. Déjame hacerlo cuando te pasas las manos por tus ojos como si no me gustasen ya tus legañas o tus ojeras. Y quiero que sepas que me encanta cuando te miras en mis ojos, y no te preocupes que mientras sea para eso, intentaré no cerrarlos nunca.
Ojalá algún día te escuches con mis oídos para que sepas por qué hay algunas cosas que solo puedo contestarte a besos.
Y créeme que te enamorarías de ti cada día si fueras yo, y pudieses sentir lo que siento, incluso cuando escribo esto.
martes, 14 de enero de 2014
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Ya lo se, no hace falta ni que me lo digas. Ya han pasado siete días desde la última vez que me pasé por aquí. ¿Pero que quieres? Estaba tan ocupada queriéndote, que no he tenido tiempo ni de guardar un solo minuto para escribir-te.
No me pidas explicaciones porque la única explicación eres tu. Ya te explique un día que venía por aquí los días triste, y los que estaba sin ti. Pero claro, desde que estás aquí no puedo ser más feliz.
No te lo vas a creer, pero acabo de tener una pesadilla horrible, una de esas, de las que parecen de verdad. De repente desaparecías y todo se volvía oscuro. decías no se que de la distancia, que preferías tener otras razones para disfrutar, que tenerme a mi y no poder hacerlo. Yo te escuchaba sin poder decir palabra y me quedaba ahí con el corazón en una mano y las ganas de no soltarte en la otra. Pero sentía quererte tanto que algo me impedía negarte eso. Parecía que estuviésemos en verano, pero no entiendo, porque yo no paraba de morirme del frió. Escuchaba tus palabras sin ser totalmente cociente de que serían las últimas. Yo intentaba hacerte razonar, te decía algo de tu piel, de tus ojos, y de que qué haría yo sin ellos, pero tu decisión ya estaba tomada. Y sintiéndolo, como jamás lo había sentido, solo podía decirte que te cuidaras tanto como hubiese querido cuidarte yo y que pararía el tiempo si fuese necesario y le volvería a dar al play cuando tu quisieses volver.
Yo tenía un puño en garganta y el estomago en los cielos, y mis ojos fueron entonces cataratas después del último beso.
Yo tenía un puño en garganta y el estomago en los cielos, y mis ojos fueron entonces cataratas después del último beso.
lunes, 6 de enero de 2014
domingo, 5 de enero de 2014
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Queridos reyes magos...
Os escribo esta carta para informales de que este año no hace falta que paséis por mi casa, renuncio de alguna manera a mi derecho de la Navidad. Yo ya he besado sus labios, ya he probado la magia, sería egoísta por mi parte pedir unos gramos más.
Si os escribo esto es para deciros, que ustedes, que no conocen su piel, no tienen ni idea del producto que venden. Mi ilusión no es esperar a que amanezca para abrir unos cuantos regalos, mi ilusión es despertar a media noche y ver como te has quedado dormido. Qué saben ustedes, reyes magos, de dar la vuelta al mundo en tan solo unas horas, si no habéis recorrido una vuelta por su espalda para descubrir que es ahí donde nacen las estrellas que os hacen venir.
Yo ya he cogido sus manos ya he pedido mis deseos uno por cada beso de un reencuentro, yo que me he perdido en sus ojos y que he navegado por cada una de sus pestañas.
Pero si a pesar de todo os hace mucha ilusión pasar por mi casa, no estaría de más que me trajesen un par de besos guardados en un frasquito de cristal, y bueno un par de tiritas por si en algún momento el frasquito se cayese para que no desapareciesen sus besos. Pero esto si os sobra tiempo, no se preocupen, que yo ya he aprendido a esperarlo, y yo solita. Lo que si deberían traerle al mundo es algo de esperanza, que de eso andan fatal últimamente. La gente ya no sonríe como antes, pero claro, ellos no han visto como me miras cuando me besas. Ya se que tenéis que leer un montón de cartas, y seguro que ya van con el tiempo justo. Pero queridoes reyes magos...que se cumplan mis deseos.
¿Qué cosa mágica esta de los reyes no? Ellos siempre vienen, con algo más grande, con algo más chico, antes o después... Mis reyes magos llegaron hace justo hoy cuatro meses antes.
Os escribo esta carta para informales de que este año no hace falta que paséis por mi casa, renuncio de alguna manera a mi derecho de la Navidad. Yo ya he besado sus labios, ya he probado la magia, sería egoísta por mi parte pedir unos gramos más.
Si os escribo esto es para deciros, que ustedes, que no conocen su piel, no tienen ni idea del producto que venden. Mi ilusión no es esperar a que amanezca para abrir unos cuantos regalos, mi ilusión es despertar a media noche y ver como te has quedado dormido. Qué saben ustedes, reyes magos, de dar la vuelta al mundo en tan solo unas horas, si no habéis recorrido una vuelta por su espalda para descubrir que es ahí donde nacen las estrellas que os hacen venir.
Yo ya he cogido sus manos ya he pedido mis deseos uno por cada beso de un reencuentro, yo que me he perdido en sus ojos y que he navegado por cada una de sus pestañas.
Pero si a pesar de todo os hace mucha ilusión pasar por mi casa, no estaría de más que me trajesen un par de besos guardados en un frasquito de cristal, y bueno un par de tiritas por si en algún momento el frasquito se cayese para que no desapareciesen sus besos. Pero esto si os sobra tiempo, no se preocupen, que yo ya he aprendido a esperarlo, y yo solita. Lo que si deberían traerle al mundo es algo de esperanza, que de eso andan fatal últimamente. La gente ya no sonríe como antes, pero claro, ellos no han visto como me miras cuando me besas. Ya se que tenéis que leer un montón de cartas, y seguro que ya van con el tiempo justo. Pero queridoes reyes magos...que se cumplan mis deseos.
¿Qué cosa mágica esta de los reyes no? Ellos siempre vienen, con algo más grande, con algo más chico, antes o después... Mis reyes magos llegaron hace justo hoy cuatro meses antes.
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Perdona por no escribirte ayer, estaba ocupada echándote de menos. Te adelanto que no podré escribirte todas las paginas de este año, pero prometo que viviré cada una de ellas contigo, y te haré saber todo lo que pasa en cada uno de mi días, nuestros días.
Recuerdo como cerré la puerta detrás de ti, apoye mi cabeza en la puerta y pensé en el último abrazo, y en el último beso. Tu no volviste la mirada, y yo no fui capaz de quedarme mirando como te marchabas. Baje las escaleras, todas las veces sin ganas porque sabia que ninguna de esas veces estarías en la puerta esperándome. Porque yo había cerrado la puerta, y te alejabas, y en ese momento eran metros, pero pasaron a ser kilómetros.
Entonces, me fui a mi cuarto y me senté en esa puta cama que sin ti, no es nada. Y joder, como cuesta decir hasta luego con tus besos golpeándome en mis recuerdos, todavía mis labios olían a ti, claro.
¿Te has fijado en que me encanta ponerme tus zapatillas de andar por casa aun teniendo las mías? Pues cuando te recogí el cuarto me las puse y andé por todo el cuarto con ellas y sonreía porque sabía que la lagrima que se iba derramando por mi mejilla también estaba sonriendo.
Recuerdo como cerré la puerta detrás de ti, apoye mi cabeza en la puerta y pensé en el último abrazo, y en el último beso. Tu no volviste la mirada, y yo no fui capaz de quedarme mirando como te marchabas. Baje las escaleras, todas las veces sin ganas porque sabia que ninguna de esas veces estarías en la puerta esperándome. Porque yo había cerrado la puerta, y te alejabas, y en ese momento eran metros, pero pasaron a ser kilómetros.
Entonces, me fui a mi cuarto y me senté en esa puta cama que sin ti, no es nada. Y joder, como cuesta decir hasta luego con tus besos golpeándome en mis recuerdos, todavía mis labios olían a ti, claro.
¿Te has fijado en que me encanta ponerme tus zapatillas de andar por casa aun teniendo las mías? Pues cuando te recogí el cuarto me las puse y andé por todo el cuarto con ellas y sonreía porque sabía que la lagrima que se iba derramando por mi mejilla también estaba sonriendo.
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