martes, 14 de enero de 2014

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Ya lo se, no hace falta ni que me lo digas. Ya han pasado siete días desde la última vez que me pasé por aquí. ¿Pero que quieres? Estaba tan ocupada queriéndote, que no he tenido tiempo ni de guardar un solo minuto para escribir-te.
No me pidas explicaciones porque la única explicación eres tu. Ya te explique un día que venía por aquí los días triste, y los que estaba sin ti. Pero claro, desde que estás aquí no puedo ser más feliz. 
No te lo vas a creer, pero acabo de tener una pesadilla horrible, una de esas, de las que parecen de verdad. De repente desaparecías y todo se volvía oscuro. decías no se que de la distancia, que preferías tener otras razones para disfrutar, que tenerme a mi y no poder hacerlo. Yo te escuchaba sin poder decir palabra y me quedaba ahí con el corazón en una mano y las ganas de no soltarte en la otra. Pero sentía quererte tanto que algo me impedía negarte eso. Parecía que estuviésemos en verano, pero no entiendo, porque yo no paraba de morirme del frió. Escuchaba tus palabras sin ser totalmente cociente de que serían las últimas. Yo intentaba hacerte razonar, te decía algo de tu piel, de tus ojos, y de que qué haría yo sin ellos, pero tu decisión ya estaba tomada. Y sintiéndolo, como jamás lo había sentido, solo podía decirte que te cuidaras tanto como hubiese querido cuidarte yo y que pararía el tiempo si fuese necesario y le volvería a dar al play cuando tu quisieses volver.
Yo tenía un puño en garganta y el estomago en los cielos, y mis ojos fueron entonces cataratas después del último beso. 

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