Llegó a mi vida un 4 de Octubre, y seguramente ahora mentiría si dijese que no me enamoré en el primer segundo que le tuve en frente. ¿Sabes ese momento en las películas en que todo va a cámara muy muy lenta, y suena una música de fondo bajita y suave? Mirarle siempre es así. Como si nada existiera. Como si tuviese delante de mis narices a la mismísima razón del sentido de la vista. Y como si de ángulos se tratase vida a dado un giro que ha venido a parar en su espalda. Deberías ver su espalda. Es sin duda el mejor cuento para dormir que conozco.
Una vez me hablaron de la complejidad de los abrazos, de lo difícil que resultaba que dos personas encajasen perfectamente en uno de ellos. No se muy bien como explicar esta parte, pero los puzles nos miran desde la mesa embobados, envidiando tanta complicidad.
Tenerife superas a cada segundo, las perspectivas que tenia de ti.
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