domingo, 5 de enero de 2014

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Déjame pedirte antes de que sigas leyendo esto, que cierres los ojos un momento...¿Te acuerdas como nos conocimos? Cosas del azar y malabares del destino, podríamos decir. Sin embargo, deberías saber que mucho antes de que me dirigieses la primera palabra, yo ya sabia que debía entrar  de lleno en tu vida o tu en la mía. Llámalo como quieras suerte, casualidad, destino... Qué diferentes parecíamos, tu tan callado, escuchando y observando todo en primera fila, y yo tan...yo, hablando, y riéndome de la vida. Aún recuerdo la primera vez que hablamos, que dulce me pareciste. Hoy han pasado 87 días desde aquello, y no te puedes ni imaginar la suerte que me repito haber tenido de que me hicieses un hueco poco a poco, en tu tan planificado día a día. 
Te escribo esto, para que recuerdes lo especial, y único que eres, que tienes un fuerza interna especial; que nunca había visto a nadie mirar como miran tus ojos, siempre tan dispuesto a recogerme en cualquier caída.
Y quiero decirte, que me perdones de ante mano por todas la veces que me necesites a tu lado y no pueda estar, que tiemblo solo de pensar en verte triste y derrumbarme yo mucho antes e poderte ayudar a ti. Y si huyo porque te vea llorar, y escoja el camino fácil, te pido desde ya, que me perdones. 
Y ojalá pudiera mirarte mientras lees esto, y es que se me pone una sonrisa de idiota, de tan solo imaginarte. Me gustaría que tuvieses claro, que siempre estaré ahí, aunque a veces siempre, sea lejos, aunque a veces, no me veas y nos distanciemos. 

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